El macaron, el arte de vivir a la francesa

El macaron hizo su aparición en la corte francesa en 1533, con Catalina de Medici, reina de Francia. Con el paso del tiempo, cada región creó su propia interpretación de la receta original y fueron surgiendo el macaron de Nancy, el macaron de Amiens, etc. La galleta del macaron se componía por entonces de una mezcla de almendras en polvo, azúcar y clara de huevo. Hoy se siguen usando los mismos ingredientes pero ya no se preparan con cuchara sino que se baten. Hacia 1830 nació el macaron parisino, o macaron “Gerbet”, cuya novedad residía en que se trabajaba sobre una base de merengue francés, es decir, se trabajaban las claras con azúcar en polvo hasta conseguir un merengue muy firme. Estaba formado por dos conchas, tal como las conocemos hoy en día, unidas pero sin relleno. No fue hasta principios del siglo XX cuando empezó a introducirse entre esas dos mitades una ganache, que dio paso a las natillas de mantequilla y, posteriormente, a la multitud de recetas que lo convierten en el macaron actual.

Un dulce que hoy es imprescindible
El macaron es “LA” estrella incuestionable de la repostería francesa, el dulce favorito de los franceses, que se exporta a todo el mundo como producto de lujo. Un símbolo de nuestro art de vivre y nuestro saber hacer repostero, un ejemplo de elegancia, equilibrio y delicadeza. En este mercado saturado en el que la oferta se ha multiplicado exponencialmente en muy poco tiempo, el consumidor, convertido ya en experto, busca más calidad, una experiencia realmente intensa.